Y JORGE JULIO LÓPEZ ESTÁ DESAPARECIDO
Un año y medio. Un bebé que ya camina y habla. Un año y medio de aparente crecimiento económico y continuidad de una política de estado.
Pasó un año y medio y no hay ni media pista de nada.
A esta altura, ya sea por complicidad como por ineficacia del gobierno en la investigación acerca del paradero de Julio López, el testigo clave para que el torturador Etchecolatz hoy esté preso, decía: ya sea por ineficacia como por complicidad, la situación es igualmente alarmante.
Ni media pista acerca de López. Ni media mención. Y lo peor: ni una gota de sangre se escurre por la puerta de la Casa Rosada. Nada. Limpios. A nadie le importa Jorge Julio López. Ni a los periodistas ni a los funcionarios del gobierno que dice poner énfasis en los derechos humanos.
De repente, Jerez, un segundo desaparecido, aparece poco antes de navidad. Nunca dieron explicaciones y el que calla otorga: ¿cuándo nos enteraremos del diseño de ese patético y perverso guión que los mostró como eficaces ganadores?
De repente, Héctor Febres se mata o se hace matar antes de ir preso por crímenes de lesa humanidad.
Los juicios por la verdad avanzan, y avanzan es un decir, a un ritmo tan lento que le dan el tiempo a los genocidas de morirse en libertad. O matarse por propia elección.
A esta altura, la supuesta política de los derechos humanos por parte del gobierno nacional es una verdadera tomada de pelo.Que hay un aparato de la derecha enquistada en el Estado, que necesitamos la ayuda de la población para extirpar a estos grupos, que no ven que abrazamos a las madres de plaza de mayo, que la culpa no es nuestra, que estamos de su lado, que no ven que descolgamos los cuadros de la ESMA.
Lo único que se ve es la ausencia de Jorge Julio López.
Lo único que se ve es que la policía bonaerense, principales sospechosos y cómplices de la desaparición de López son, sí, así de absurdo es, son los mismos responsables de investigar su desaparición.
Lo único que se ve es que los máximos directivos de las cárceles consideran como referentes a los genocidas de la última dictadura y los llenan de privilegios, visitas, asados, Internet, teléfonos celulares y televisión de antena satelital.
Lo único que se ve es a Franchiotti saliendo a pasear un domingo porque sus custodios lo admiran y dicen que lo ven triste.
Eso se ve durante el gobierno de los derechos humanos. Se ve una enorme capacidad para borrar los atropellos del presente. Se ve una estrategia absurda, pero tristemente eficaz, de considerar a los derechos humanos como cosa del pasado. Y lo que pasa ahora, bueno, ya vendrá un gobierno dentro de 30 años que tome medidas con respecto a las crímenes de hoy.
Lo que se ve es que la inoperancia del gobierno se transforma en complicidad.
Todo bien con mirar mal a Uribe y cambiar el Tango 01 por un avión menos ostentoso.
Todo bien con el Himno de mi Corazón en la plaza llena cantado por Mercedes Sosa.
Todo bien. Pero hace 18 meses que Jorge Julio López no aparece.
(editorial de la mar en coche: lunes a viernes de 9 a 12 hs.)
(imagen: nicolás pisano, www.postalsocial.com.ar)